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Apego4 min25 de enero de 2024

El apego y las relaciones

Una mirada clara al apego, su impacto en el desarrollo y cómo puede repararse en terapia para construir vínculos más seguros.

Últimamente se habla mucho sobre los tipos de apego y sobre cómo estos influyen en nuestras relaciones. Yo siempre pienso que las "etiquetas" tienen que servirnos para entendernos, pero no para limitarnos. Por eso, hoy quiero contarte cómo entiendo yo el apego y cómo lo contemplo y trabajo durante las sesiones.

Vamos a empezar por el principio, ¿qué es el apego?

Muchos autores han hablado sobre este concepto, quizás te suenen nombres como John Bowlby o Mary Ainsworth, pues fueron importantes precursores de las investigaciones en este ámbito. En consulta suelo explicarle a mis pacientes que el apego es ese vínculo especial que se crea con nuestras figuras de referencia o cuidadores desde nuestro nacimiento.

Cuando nacemos somos seres totalmente dependientes de quien nos cuida, de ahí que exista un sistema de apego encargado de asegurar nuestra supervivencia y garantizar nuestra seguridad.

¿Por qué es importante en nuestro desarrollo?

La base de apego es un elemento importantísimo en nuestro desarrollo, pues será la primera y principal referencia que tenemos sobre nosotros, sobre el mundo y sobre las relaciones.

Cuando somos niños, necesitamos que nuestros cuidadores estén disponibles y sean sensibles a nuestras necesidades. Que perciban nuestras emociones y les pongan las palabras que nosotros todavía no sabemos poner. Tener el suficiente espacio para explorar el entorno desde la certeza de que habrá alguien a nuestro lado dispuesto a darnos la mano si lo necesitamos. Sentirnos queridos, comprendidos y acompañados.

En función de cómo de seguros sean estos primeros vínculos, se asentarán las bases para un estilo de apego u otro. La mayoría de teorías describen el estilo de apego seguro y tres estilos de apego inseguro: el ansioso o ambivalente, el evitativo y el desorganizado.

  • Apego seguro: la mayor parte del tiempo los cuidadores se muestran atentos a las necesidades de la criatura, son empáticos y afectuosos. La relación es estable y predecible. Hay espacio suficiente para la exploración y también para el sostén y el consuelo cuando se necesita.
  • Apego inseguro ansioso: los cuidadores pueden mostrarse ambivalentes en sus actitudes. A veces cubren las necesidades del niño y otras veces no. Esto genera mucha angustia e inseguridad, que lleva a estar muy atento a los cambios de actitud del cuidador para evitar un posible abandono.
  • Apego inseguro evitativo: las figuras de referencia se relacionan desde la frialdad y la distancia. Por lo tanto, el niño aprende que no puede confiar en sus cuidadores y que tendrá que hacer las cosas solo.
  • Apego inseguro desorganizado: en este estilo de apego hay una mezcla de comportamientos de los dos anteriores. El niño crece en un entorno inseguro, en el que puede haber conductas negligentes y abusivas.

Esta base de apego influirá en nuestros esquemas mentales, es decir, en las creencias sobre cómo son los vínculos. Por lo tanto, tendrá repercusiones en cómo nos relacionaremos en la edad adulta.

Como te comentaba al principio, las etiquetas no tienen que servir para encasillarse, sino para poder entendernos y conocernos más. Aunque aquí se describan las características que comúnmente se han asociado a los diferentes estilos de apego, cada persona es única. Puede que con uno de tus cuidadores te hayas vinculado de una forma y con otro cuidador de otra. Puede que hayas tenido otras figuras importantes en tu vida con las que te hayas relacionado desde un lugar más seguro. Hay tantas posibilidades como personas.

Siento que me identifico con un apego inseguro, ¿y ahora qué?

Es importante que sepas que no hay un apego bueno y otro malo. Si te sientes más identificado con un estilo inseguro quiero decirte que no hay nada malo en ti. La base de apego no es inmutable. Podemos aprender a vincularnos desde la seguridad aunque hayamos tenido una base más insegura.

De hecho, el vínculo terapéutico es un ejemplo de vínculo seguro. Por este motivo, el espacio de terapia es el lugar ideal para reparar las heridas relacionadas con las experiencias de nuestra infancia. Es ese lugar en el que no hay juicio, hay aceptación incondicional, también hay límites necesarios, disponibilidad, compasión y sensibilidad. El apego se puede reparar.

Para acabar quiero recordarte que nada de lo que aquí te cuento puede sustituir una terapia. Si sientes que tienes dificultades en las relaciones o quieres trabajar en ti misma, acude a un profesional.

Referencia bibliográfica

Levine, A., y Heller, R. (2016). Maneras de amar: la nueva ciencia del apego adulto y cómo puede ayudarte a encontrar el amor... y conservarlo. Books4pocket.

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